14 de diciembre de 2008

Cine: "My Blueberry Nights"


El maestro hongkonés Wong Kar Wai, en cuya filmografía hallamos piezas de indudable valor artístico, moral y ético como "In the mood for love" o "2046", nos deleita nuevamente con otra obra capital para comprender la grandeza del séptimo arte, la complejidad y entresijos del alma humana y… de la vida en general.

Qué chorrada de película, en serio. Cuando quieren venderte excremento envuelto en papel de celofán tienes tres opciones (creo). La primera es ponerte unas gafas de pasta y autoengañarte para convencerte de que lo que hay escrito en el párrafo superior es una verdad universal; la segunda es agobiarte y pasar un mal rato; y la tercera es desconectar e intentar ver los pros y contras del asunto, que no todo tiene por qué ser horrible.

Para "My Blueberry Nights" he optado por la tercera opción ya que sospecho que es la única con la que no te estallan las neuronas... Los pros: Rachel Weisz está como un queso. ¿Muy machista? Bueeeno, Jude Law está más rico que el pan Bimbo con Nocilla...o no, que sale así como sudado y guarrete y eso sé que no os pone a todas ;> Vale, si me esfuerzo un poco más os diré que el casting es muy acertado y están todos bastante correctos. Y ya está, os diría que la paleta cromática está muy conseguida pero sé que eso a la mayoría os resbala. Así que vamos a por lo malo.


La historia es simple y bastante tonta (si os la cuento, creo que me cargo el poco interés que pueda tener su visionado). Sin destripar nada, puedo contaros que hay varias historias que están presentadas en forma de semi road movie; la forma en que están ligadas es bastante gratuita y da la impresión de que la película podría durar eternamente añadiendo más personajes y localizaciones. Si no importa dónde está la protagonista (la cantante Norah Jones) ni de qué trabaja, pues lo hacemos más sencillo:¿necesitamos una historia de una jugadora de póker? Pues hacemos que la protagonista trabaje de camarera en un casino... y así se van atando las tramas -casualmente, es la parte del film con más ritmo y gancho-. Para colmo, el autor se pasa las sutilezas por el forro: nos explican las metáforas verbalmente, tal cual (las llaves, las puertas, el ''dejar marchar"). Si a esta película le quitas el que te hagan pensar... ¿qué te queda?


Tengo un desprecio profundo por esos personajes que hacen cosas extrañísimas en pantalla pero que intentan que les veas como gente sensible, diferente y especial. ¿Quién no ha trabajado en un bar y ha pasado una agradable velada viendo las grabaciones de la cámara de seguridad, llorando al ver el devenir de las miserias de las vidas ajenas que deambulan ante nosotros sin que nos percatemos de ello? Es igual, olvidadlo… Por último, hay un uso constante de grano en la imagen y falta de fotogramas que entrecortan el movimiento. Que sí, que alguien me contará que es una metáfora de algo...pero es que a estas alturas creo que ya me da bastante igual.

En realidad no es TAN terrible (aunque algo lo es). He visto películas mucho peores y no he sido tan duro, pero solo es porque esas otras películas no eran tan deliberadamente pedantes, pretenciosas y en apariencia profundas (por ello mismo vacías) como esta "My Blueberry Nights".

PD: No, qué va, no me gusta Rachel Weisz... n_n

11 de diciembre de 2008

El "efecto Dorne" ("Crear, ver y leer: en coña pero muy en serio", parte XI)

A los personajes secundarios se les llama así por algo. El autor no tiene -no debe- por qué explicar cada detalle, acción y trauma de TODOS y cada uno de los personajes. Si hace eso, la obra se eterniza y, aunque lo haga maravillosamente bien, el público se echa a temblar cada vez que aparece un personaje nuevo en la trama. Eso sucede porque, al inicio de la obra, se presentan a unos personajes sobre los que el público acabará proyectando sus deseos, frustraciones y expectativas. Hasta cierto punto, esos protagonistas acabarán importando a un público que querrá saber más de ellos. Ahí es donde las tramas de los secundarios empiezan a molestar, porque el tiempo que se les dedica a ellos es tiempo que no se dedica a (o que atrasa el de) los protagonistas.


Por ejemplo, al inicio de "Lost" se nos cuenta que el avión estrellado ha dejado 42 supervivientes. De estos 42, unos 12 son protagonistas, seis u ocho son secundarios y el resto es como si no existieran. A esos seis u ocho secundarios habituales a veces se les dedica un capítulo, como a Rose y Bernard...¿A quién coño le importan Rose y Bernard? Y eso por no hablar de Nikki y Paulo...

Hurley: "Oh, man... Nikki's dead...".

Sawyer: "Who the hell is Nikki?!" ;p

Creo que es un guiño genial de los autores (guionistas) a su público más fiel; que a menudo se pregunta dónde se meten el resto de pasajeros durante los capítulos.


"Dorne", además de servir de nombre a esta teoría, es uno de los emplazamientos de la gran saga literaria "La canción de hielo y fuego", de George R.R. Martin. Eso significa que, desde ya, declaro que he tomado su nombre desde el cariño y, sobre todo, el máximo respeto.Martin concibió inicialmente su obra para ser narrada en tres (gruesos) volúmenes. Sin embargo, en la actualidad estamos a la espera de que publique el quinto -la historia se completará con el séptimo volumen-. Leer a este autor es una gozada, pero ¿en qué momento tu historia se descontrola tanto que duplica su tamaño inicial? En el momento en que empiezas a contarlo TODO, incluso hablar de la vida y milagros de los secundarios. Dorne es un reino que da profundidad y verismo a la obra pero que, narrativamente, está(ba) apartado de la trama de los protagonistas. Actualmente estamos conociendo en detalle los devaneos de los habitantes de Dorne. Quizá Dorne acabe jugando un papel crucial en el final de la historia; en ese caso, pues vale... No es que eso no importe al público, pero...¿algún día se dará el salto temporal que convertirá a los protagonistas niños en adultos? Esa es la expectativa que creó la historia al principio y que se vio frustrada por la inclusión de detalles de personajes secundarios. Bienvenidos al "efecto Dorne" ;p


Otra autora que me fascina es Anne Rice. De cualquier secundario te saca un spin-off merecedor (según ella) de libro propio. Lo siguiente son los cross-overs entre sus propios personajes. Ya cansa. La solución a cualquiera de las variantes del "efecto Dorne" es casi idéntica a la de la teoría de las relaciones interpersonales: cuenta lo que quieras contar sin alargarte en detalles innecesarios. Probablemente la cohesión de la obra lo agradezca.

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Teoría de la muerte de los personajes ("Crear, ver y leer: en coña pero muy en serio", parte X)

Si la ficción tiende a ser una exageración de la vida real y en la vida real muere gente, no es de extrañar que en la ficción se muera "más y mejor". Incluso en la historia más cotidiana de gente de barrio, si le das el tiempo suficiente, se acaba generando alguna línea argumental de thriller con muertos de por medio -que suelen ser lamentables, por cierto; p-.


Las muertes pueden darse por causas naturales: "se ha muerto de viejo". Pero eso no le interesa a nadie, es vulgar y aburrido. Así que no hablamos de morir, hablamos de matar. En las obras se mata a personajes por razones narrativas de peso. Voy a pasar totalmente por alto la rama de ficción fantástica (superhéroes y demás) en la que la existencia de la resurrección (mediante poderes sobrenaturales u objetos mágicos como las bolas de dragón, etc) hace que el público no se tome en serio la muerte de un personaje. Voy a considerar solo las muertes irreversibles.



Una muerte se usa, casi siempre, para que un personaje de la historia evolucione o para que la trama de la obra avance. Realmente son la misma consecuencia ya que, cuando un personaje muere, la trama avanza gracias a que esa muerte deja un vacío físico y emocional en la obra que los demás personajes deben ocupar, superar...es decir, que al tratar emocionalmente con esa muerte evolucionan. En la saga "Harry Potter", Harry entra a tortazos en el mundo adulto al enfrentarse a la realidad de la muerte irreversible de su padrino Sirius -muerte que no tiene mucho valor en sí misma-. En "La Canción de Hielo y Fuego", LA muerte del primer volumen es toda una declaración de intenciones que advierte al público de por dónde irán los tiros en la obra y afecta de modo directo a la mitad del plantel de personajes.


En último lugar, conviene recordar que hay personajes intocables. Obviamente, en "Harry Potter", "Spiderman" o "House" no se puede matar a Harry Potter, a Spiderman ni a House, más que nada porque son los protagonistas y la obra lleva su nombre por título. También hay personajes intocables porque el público los adora y, si les pasa algo -el autor los mata-, son capaces de renegar de la obra entera; consideran esa muerte un salto del tiburón en toda regla. La excepción es querer dar un final a la historia y matar al protagonista al final ("Cowboy Bebop") pues su muerte ES el final y se veta la posibilidad de una continuación.


La excepción de la excepción la dicta la ley del lupanar, porque si el autor -en este caso creo que conviene ser más específico: el editor o productor- detecta que una nueva incursión en la obra/franquicia llenará sus arcas de nuevo, cualquier excusa será buena para hacerlo. Por ejemplo, "Alien 3" es mala pero el final era muy digno, tanto para la saga como para el personaje de la teniente Ripley. Ella moría y, junto con ella, la reina alien... Puedo verlo, debió de ser algo así:

"¡¿Qué?! ¿Que la última encuesta de personajes favoritos dice que el público aún se acuerda de Ripley? ¿Seis años después? Pues nada, la resucitamos... Cómo podría ser... ¡Ya lo tengo! Antes de saltar, cuando la reina alien le revienta el pecho, salta sangre, ¿no? ¡Pues unos científicos encuentran la sangre y la clonan! Ale, ya tenemos tratamiento de guión... ¡Llámate a Sigourney que vamos a forrarnos!^^".

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10 de diciembre de 2008

Cine: "Crepúsculo"

En primer lugar, no he leído ninguno de los libros en que se basa la película. En segundo lugar, no tengo ninguna intención de hacerlo en vista de las opiniones (fiables) que me han dado al respecto -aunque finalmente ya se verá-. En tercer lugar, esas mismas opiniones dejan al primer libro como una obra decente; muy superior al resto de entregas. Por último, esto es una adaptación y no tengo por qué haber leído los libros para entender la trama y disfrutar de su visionado; en caso contrario, sería, de entrada, una mala adaptación (como las dos últimas de Harry Potter).


Espero que lo arriba citado sirva para excusar a esta (por todo lo demás) estimable película de su punto débil más evidente: su premisa inicial. A Bella le pone Edward porque sí y a Edward le pone Bella también porque sí. Se aman incondicionalmente, le pese a quién le pese. Hasta aquí bien. Lo malo es que ella es una chica de diecisiete años y él es un vampiro de cien (con apariencia de diecisiete, claro, que si no la atmósfera angsty-teen no funciona). Lo de Bella me lo podría creer: ha conocido a un vampiro interesante y misterioso que, además, está bueno (a eso voy luego ;p) y le presta atenciones. ¡Mola! ¿No? Pero...¿él qué le ve a Bella? Al principio de la peli parece una chica reflexiva y madura (con un par), pero avanza el metraje y se va volviendo cada vez más pava, la típica "chica en peligro". Esto está expuesto casi como una suspensión de credibilidad: en Star Wars existe la fuerza y los sables láser; en Matrix vuelan y detienen balas; y en Crepúsculo los vampiros de cien años se enamoran de adolescentes.



Superado el bache, nos encontramos con una película entretenida y correctamente dirigida. De hecho, los primeros minutos presagian un producto de calidad: Bella correcta; Jake, un encanto; presentación del instituto, interesante...hasta que sale Edward. ¿Dónde ha aprendido a actuar este chico? No es que ella sea la bomba, pero al lado de Edward parece Meryl Streep. Las lentillas que todos llevan hacen mucha pupa (Bella también, en realidad tiene los ojos claros), porque la pupila no se mueve y anula por completo la expresividad de la mirada. ¿Y quién ha dicho que él es guapo? Se supone que es un vampiro cuyo atractivo le hace parecer casi un dios; y este chico...pues como que no. ¿Y los peinados? A los de estilismo les podrían haber dado menos manga ancha; el rubio de Jasper y Carlisle es sencillamente espantoso.


Luego, algunos efectos son más propios de películas asiáticas de los setenta que de una producción americana del siglo XXI...pero esto no es importante: funcionan, la historia no se beneficia pero tampoco se resiente, y asumo que el presupuesto de la película no debe ser para echar cohetes. Eso sí, ¡¡¡que alguien me explique porque no sale ni un solo colmillo en una película de vampiros!!! Aunque a nivel de producción parezca un buen piloto de una serie de televisión o un telefilme de domingo, insisto en que la historia tampoco lo requiere.


La conclusión es que "Crepúsculo" es lo que es: una película que estaban casi obligados a hacer; la demanda del fandom era alta y las entradas estaban vendidas antes incluso de escoger directora. Este tipo de productos ("adaptaciones de", ya me entendéis) acostumbran a ser, hablando claro y mal, una mierda. Fui a verla con esa idea en mente y me llevé una grata sorpresa: a excepción de la premisa de amor incondicional e irracional (original del libro), "Crepúsculo" es una película muy digna con la que pasaréis un buen rato.


1 de diciembre de 2008

Cine: "007 Quantum of Solace"

"Casino Royale" (Martin Campbell, 2006) marcó un punto de inflexión en la saga del agente 007. Para empezar, un nuevo actor encarnaba a James Bond y, para sorpresa de muchos, fue una excelente elección: Daniel Craig dio a su papel el físico y la profundidad que la revisitación requería. También supuso un nuevo enfoque, más realista y contundente, que lo alejaba de la autoparodia en la que se estaba convirtiendo el personaje (y lo acercaba peligrosamente a la encarnación de Roger Moore). En definitiva, "Casino Royale" sentó un precedente que ponía el listón muy alto.


Listón con el que "Quantum of Solace" se estampa y se deja los dientes. La elección del director, Marc Forster, no presagiaba nada bueno. En su haber se encuentran estimables películas como “Monster’s Ball”, “Buscando Nunca Jamás” o “Más extraño que la ficción”. Cuánta acción, ¿verdad?;p En cuanto a la historia en sí, es una secuela en toda regla y arranca justo después de lo acontecido en "Casino", cuando Bond abate de un disparo en la pierna a Mr. White. Intentando averiguar para quién trabaja White, llega hasta una poderosa organización criminal cuyos tentáculos se extienden por todo el planeta que se llama...¡¡¡Spectra!!! Ja, ja, què va, eso hubiera sido genial. Se llama Quantum, pero a mí no me la dan, seguro que en alguna de las entregas posteriores se cambian de nombre ;p Otro dato de interés es que Bond debe decidirse entre si Vesper era un zorrón de tres al cuarto y pasar de todo o si ella en realidad le quería y... ¡vengarse! Puede sonar tonto, pero la película lo expone de forma parecida.


Tras un villano como Le Chiffre, se intentaba repetir la esencia del tipo corriente pero peligroso con Dominic Greene (Mathieu Amalric). El director le dio una orden directa: "tus ojos son tu mejor arma". Amalric acató la orden. Visto el resultado, supongo que ambos sobreestimaron el poder amenazador de esos ojazos de rana. En cambio, Craig está estupendo. Sus frasecillas son lo mejor de la película (puede permitirse competir con House para el puesto de "cabroncete más chistoso" ;p). Este Bond está siendo todo un descubrimiento y, si la introspección personal que prometía "Casino" no se consigue, no será por culpa del actor. Judi Dench, como M, es sólida sin dejar de ser cercana. La relación entre ambos es lo más interesante que ocurre en "Quantum of Solace". Olga Kurylenko (Camille) sigue el patrón marcado por Eva Green (Vesper Lynd) y construye un personaje fuerte que se enfrenta a la adversidad de un modo parecido a Bond, con quien cooperará de igual a igual. Gemma Arterton (agente Fields) parece tonta y se comporta como si lo fuera, pero bueno... el papel de "segunda chica Bond" nunca ha sido muy agradecido.


La especialidad de Forster es, por su bagaje, el rodaje de escenas más bien intimistas, ¿no? Pues no. La película a ratos se hace aburrida... cosa totalmente imperdonable, y en los momentos en los que por fin está pasando algo valioso (es decir, que entramos en la psique de Bond), ocurre cualquier chorrada que genera una ensalada de tiros que carece de cualquier interés. ¡La acción se duplica en esta entrega! ¿Y eso es bueno? Las escenas de acción están muy conseguidas, eso sí, pero se parecen sospechosamente a las de...la saga Bourne. ¡Ala, qué coincidencia, si han contratado al mismo coreógrafo que en Bourne!! Hay escenas calcadas de esa gran trilogía de acción y suspense. Y no es solo en las escenas de acción: el tono general de la película bebe del éxito del agente amnésico interpretado por Matt Damon. De hecho, cuando "Quantum of Solace" es mala, parece una película de James Bond; cuando es buena, estamos viendo una sombra de Jason Bourne. No hace falta que diga más.


Justita, justita...


PD: Esta vez, ni siquiera los títulos de crédito ni la canción que los acompaña valen la pena... A quienes la hayáis visto, os veo en los comentarios.


30 de noviembre de 2008

Teoría de los protagonistas macizos (aka "efecto Galactica") ("Crear, ver y leer: en coña pero muy en serio", parte IX).

La gente guapa vende. Si estás buen@, tu vida se vuelve un poquito más sencilla: la gente es más amable contigo, ligas aunque seas un imbécil, etc.
La ficción no se libra de esta estupidez superficial tan propia de la vida real; es más, casi se puede decir que la fomenta. Es ficción, ¿no? Pues es ficción incluso en que el porcentaje de carne apetecible por metro cuadrado es muy superior al de la vida real. Dicho de otra forma: pon en tu obra a tantos tremendos y macizas como puedas, gustarás más.



A mí que no me fastidien: el Frodo de las películas no es un hobbit. Es un chico mono reducido digitalmente. Pero no es un hobbit. Pequeño, sí. Hobbit, no. El Lobezno de las películas es la versión 2.0 del personaje que aparece en los comics -no he oído que ninguna fémina se queje de eso ;p-. En "Anatomía de Grey" hicieron autocrítica cuando un personaje recién incorporado comentó "¿Por qué en este hospital todos los cirujanos son absurdamente guapos?" o algo parecido. Fue un gran comentario. Demostró que al menos eran conscientes de ello. "Lost" y "Battlestar Galactica" a veces parecen un desfile de modelos. Esta última me hace recordar una teoría dentro de la teoría: ellas siempre estarán más buenas que ellos, en cantidad y en calidad. En "Galáctica" están buenas hasta las secundarias. Por dios, si hasta la presidenta Roslin, a sus casi 60 años, está para... Por cierto, si no tenéis fondo de pantalla, la imagen que os he dejado no es una mala opción (solo hay que hacer clic sobre ella, guardar...;p).


Además, si un protagonista es deliberadamente feo, su fealdad ("incomodidad visual" suena más teórico ;p) tendrá algo que ver con la trama. Por ejemplo, ¿por qué nos sorprende (y gusta) que Paul Giamatti en "Entre copas" acabe conquistando a la espléndida Virginia Madsen? Porque es feo. Es la única explicación ya que, por lo demás, es perfecto: simpático, inteligente, buena persona... Si Giamatti tulviese la pinta de Eric Dane (el Dr.Caliente de "Anatomía de Grey") quizá lo que nos parecería raro es que ella no fuese sacando la lengua detrás de él.


La literatura no se libra de la teoría de los protagonistas macizos. El vocabulario usado no es el mismo, pero solo es para despistar. En los libros se da a entender de casi cualquier protagonista que es atractivo. Es decir, que tiene un no se qué que sé yo que podría llamarte la atención...que NO es FEO. En "La Canción de Hielo y Fuego" de George R.R. Martin todo el mundo es guapo, salvo Brienne, que es deliberadamente hombruna -y sirve para definir rasgos del personaje-. Como apunta una amiga mía, en temas de imagen "normal" es igual a "feo". Ahí tenemos esa obra maestra llamada "The Shield", en la que sorprende que todos sus protagonistas podrían ser perfectamente nuestros vecinos. Vamos, igualito que en "Melrose Place" ;p.


PD: Justo antes de colgar esta entrada, la comentaba con Cosette y hemos sacado una nueva idea. Si existe la escuela del método (el Actor's Studio), también podría existir la “escuela de la ambigüedad”. Sí, es esa a la que podrían pertenecer esos actores que tienen dos habilidades: hacerte dudar de si son pésimos o si es que el personaje no tiene matices; y que son guapos (¿eso es una habilidad?;p). A tan selecto grupo pertenecen, por votación popular: Wentworth Miller ("Prison Break"), Neo... digo, Keanu Reeves, Tamoh Penikett (“Helo” en “Battlestar Galactica”), Timothy Olyphant (Seth Bullock en "Deadwood"), Jared Padalecki (Sam Winchester en “Supernatural”)… ¡¡solo se me ocurren hombres!! ¡Amados lectores, echadme una mano con tan imperdonable carencia, por favor! ;>


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28 de noviembre de 2008

Salto del tiburón (aka "efecto Melrose") ("Crear, ver y leer: en coña pero muy en serio", parte VIII)

Si las dos teorías anteriores (cambio de escenario y coherencia interna del personaje) se dislocan al máximo, se "salta el tiburón". Esta expresión se usa para decir que la obra alcanza un punto a partir del cual el público es susceptible de dejar de tolerar la obra. Ese punto puede ser, por ejemplo, una acción del personaje -que traiciona su coherencia interna- o un cambio radical en el planteamiento de la historia que redefine el status quo de todos los personajes.


Un ejemplo maravilloso por su cutrerío extremo se da en "Melrose Place". Sí, sí, en Melrose. Gran serie. ¿Os acordáis de Billy y Allison? Eran una pareja moníííísima y encantadora y...¡se vuelven malos! ¡¡¡Los dos!!! En serio, era algo imposible. Es como si Heidi pillara una recortada y empezase a matar ovejas. Pero pasó: "Melrose" saltó el tiburón. Como espectador, ¿qué haces en un caso así? Yo dejé de ver la serie por ahí, era demasiado para mí. Porque, si han llegado ahí -y sin sonrojarse- ¿qué será lo siguiente?


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Teoría del cambio de escenario o situación ("Crear, ver y leer: en coña pero muy en serio", parte VII)

Las obras se desarrollan en un escenario o situación determinados y, una vez aceptados (mediante la suspensión de credibilidad), el público se adapta a ellos. Aunque no sea un ser viviente, el escenario puede cambiar y evolucionar de la misma manera que los personajes.



"House" nos presenta a Gregory House, un super-mega-crack de la práctica médica que trabaja con tres ayudantes: Foreman (el negro), Cameron (la chica) y Chase (el pijo enchufado). Cada uno de ellos es blanco de las pullas de House por negro, por chica y por enchufado. Poco a poco (muy poco a poco), sus ayudantes van cobrando protagonismo; nunca tanto como House, pero sí el suficiente para considerarlos imprescindibles. Al final de la tercera temporada, cuando la cosa está en su momento álgido porque ya les conocemos, les entendemos y nos importan, los guionistas se los sacan de encima a los tres. ¿Para qué? Para que House monte un nuevo equipo en el que los roles que desarrollan los miembros del nuevo equipo sean casi los mismos que los del antiguo. El paralelismo era obvio, de verdad, hasta el punto de que tienen el morro de hacer que House le diga a 13 (una de los nuevos) que "me recuerdas mucho a alguien", en referencia a Cameron.


Inicialmente, no gustó al público. Para seguir con los mismos roles, ¿para qué cambiar de actores? No me parece mal que haya cambios en el plantel actoral, pero con lo poco generosa que es "House" en cuanto a datos personales de los protagonistas, creo que Foreman, Cameron y Chase aún podían dar mucho más de sí. Y por más buena que esté Olivia Wilde (13), aún no sé todo lo que quería saber de Cameron -que también estaba buena, coño- quien, por cierto, estaba en un momento personal interesantísimo con Chase.


Cualquier cambio brusco es arriesgado, porque al público le encanta consumir lo mismo una y otra vez: ahí radica el éxito de la franquicia "CSI" ;p.


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26 de noviembre de 2008

Teoría de la coherencia interna del personaje (aka "efecto Anakin") ("Crear, ver y leer: en coña pero muy en serio", parte VI).

Un personaje que ha sido bien escrito muestra un comportamiento al que nos acostumbramos e incluso llegamos a saber cómo se comportaría en determinadas situaciones. Eso no quiere decir que no pueda evolucionar; al contrario, significa que el mismo comportamiento antes mencionado dicta qué pasos debe dar para llegar de un punto A a un punto B. De hecho, se supone que un personaje puede pasar desde un punto A hasta cualquier punto si pasa por todos los estadios emocionales necesarios para llegar hasta ahí.


El problema radica en que a veces los autores no disponen del tiempo o del talento necesario para explicar ese proceso, ese viaje por el mundo interior del personaje. La carencia de talento se ejemplifica a la desgraciada perfección en la nueva trilogía de "Star Wars". Esa trilogía se había escrito de antemano en el colectivo mental de todos los fans de la saga, tan solo había que seguir la línea de puntos. Pero no: el viaje al lado oscuro de Anakin Skywalker es la cosa más desastrosa y chapucera que se ha visto en pantalla grande. Vale, sí, le matan a la madre. Y eso, claro, justifica que asesine a todos los niños del templo Jedi. La habilidad para el tutelaje que tiene el maestro Yoda tiene bastante que ver con todo. En fin. ¿Recordáis cuando House pide dinero a Wilson una y otra vez (sin necesitarlo) solo por el mero placer de comprobar cuanto puede llegar a prestarle sin quejarse? O, como dice House, en cuánto cifra su amistad (incorregible, este House ;p). Pues parece que a George Lucas le pase lo mismo. Hace algo horroroso y los fans siguen consumiendo su basura espacial; de modo que da otro paso y la hace aún más gorda para comprobar cuánta mierda pueden llegar a tragar. Es un estudio antropológico de lo más peculiar, ¿no creéis?



En el lado contrario de la balanza tenemos a Lee Adama, de "Battlestar Galactica". ¿Cómo se come que alguien que en la primera temporada es piloto de caza espacial se haya convertido en la cuarta en el vicepresidente de las colonias terrestres? Muy fácil, mediante unos actos que definen ya desde la primera temporada sus ideales e implicaciones políticas (la revuelta de Tom Zarek) y que se siguen desarrollando puntualmente durante el resto de tramas. No hay que olvidar que su abuelo Joseph era abogado y la fascinación que Lee sentía por sus libros de derecho cuando era pequeño. Son detalles muy adecuados que engrasan nuestro cerebro y lo preparan para un cambio de rumbo en la trayectoria del personaje. Pero hasta en las mejores series meten la pata, porque tampoco hay que olvidar la existencia del capítulo "Mercado negro" -del cual autores y público reniegan y por el que espero sinceramente que quemaran al guionista en la hoguera-. En él, el noble y legal Lee se nos presenta totalmente out of character como putero habitual, que tuvo una mujer en la Tierra a la que amaba y que acaba matando a un tío a sangre fría al final del capítulo. Pero incluso en un caso extremo y horrible como este, fijaos si el personaje está bien escrito y definido que a los aficionados lo que nos pareció raro no fue lo primero ;>.


En novelas y películas, es bastante sencillo ser coherentes con los personajes porque se dan un planteamiento, nudo y desenlace cerrados, autoconclusivos. Por el contrario, en las sagas literarias (o "novelas río") y, especialmente, en las series de televisión, es frecuente encontrarnos con incoherencias de diversa índole debido a la naturaleza improvisada de la obra. En televisión, los guionistas desconocen si la serie arrasará entre el público y se alargará durante un montón de temporadas ("Lost", "Heroes") o fracasará por algún motivo y se cancelará tras la primera temporada... o incluso antes de acabarla ("La mujer biónica", "Hidden Palms",...¡¡"Firefly"!!:<). Os prometo que hoy no querría estar en la piel de un guionista de "Lost", de verdad que no.


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21 de noviembre de 2008

Teoría de las relaciones interpersonales. ("Crear, ver y leer: en coña pero muy en serio", parte V).


¿En qué se diferencian "The Record of Lodoss War" y "La Canción de Hielo y Fuego"? (hablemos de Parn y Jon, je je). Ambas son obras de fantasía medieval en mayor o menor grado, pero mientras la primera se conforma con acumular tópicos y prototipos, George R.R. Martin nos regala un maravilloso estudio de personajes, sus sentimientos y sus relaciones que, al fin y al cabo, es de lo que trata toda gran obra.


Las relaciones entre hermanos, amigos, rivales (etc) no encierran ninguna dificultad narrativa especial porque tampoco suelen conllevar ninguna trampa narrativa especial. Entendamos que trampa narrativa es una situación en la que es muy fácil meterse de narices pero de la que es complicado salir airoso. Tan solo hay que procurar que la relación avance de forma coherente y no se vuelva a puntos o aspectos ya superados. Por ejemplo, una evolución clásica que siempre funciona es: rivales --> enemigo o dificultad común --> cooperación para superarlo --> superación de los prejuicios respecto al otro --> compañeros/amigos inseparables o incluso pareja.


Las relaciones sentimentales, sin embargo, sí encierran todo tipo de trampas narrativas porque...hablan de AMOR. Oh, sí, AMOR, el gran tema. Ese mal que puede afectar a toda raza viviente (¡incluidos los villanos!;p) y al que tantos autores acuden cuando su obra pide a gritos un cambio de rumbo, una justificación de los motivos de un personaje o simplemente renovar tramas. Pero lo más importante es que al público le encanta (a algunos hombres también ;p).


Este apartado daría para una entrada completa si quisiera desentramar todos los aspectos que definen una relación sentimental. No, no voy a hacer eso; tan solo voy a describir una serie de normas no escritas (pero comúnmente aceptadas) que afectan a las tramas de cualquier obra.


Liar (o no liar) definitivamente a personajes protagonistas de una obra suele tener las siguientes consecuencias:

- Si se lían, uno de los motores de la historia se acaba ("Luz de luna"). Por eso no es extraño que casi todas las comedias románticas acaben con el beso final de la parejita protagonista. "Dawson Crece" es una de las pocas que tuvo el valor de ir más allá. Si la historia es coral, es muy probable que una parejita de nueva creación, si es estable, desaparezca de golpe o progresivamente de las tramas. ¿Por qué? Porque...

- Si se lían, los componentes de una pareja se vuelven aburridos. En "Anatomía de Grey" no paran de juntar y separar a sus personajes -a este paso superará a "Melrose Place"...- porque son conscientes de ello. ¿Y en "Battlestar Galáctica"? Menudo bajón que dieron Helo y Tyrol en cuanto tuvieron pareja estable; eso sí, lo de Tyrol lo arreglaron pronto escotilla mediante ;> Argumentalmente hablando, hay pocas parejas que soporten una unión estable y sigan siendo parte importante de la trama. Monica y Chandler lo logran en "Friends", pero como es una sitcom no estoy seguro de que sea un ejemplo muy válido.

- Si NO se lían, la historia se vuelve repetitiva. Por ejemplo, la legendaria "tensión sexual no resuelta" (U.S.T.) existente entre Mulder y Scully podía hacer gracia al principio. Pero es que a la octava temporada David Duchovny (Mulder) se largó de la serie y el tema seguía igual.

- Si el autor tiene el valor de hacer un triángulo amoroso, hay que aplaudirle por el mero hecho de intentarlo ya que son un fracaso popular de antemano. Son el perfecto ejemplo de "trampa narrativa": es demasiado sencillo caer en ellos y muy difícil dotarlos de un final satisfactorio para el propio autor, su público y la coherencia de la obra. Sin lugar a dudas, siempre me decanto por esta última sobre las otras dos: al público que le den, y a los caprichos del autor también (sus escenas, diálogos y personajes favoritos). Una historia debe estar bien contada. Punto.


En este último ejemplo, hablo de un triángulo decentemente construido, claro; es decir, en igualdad de condiciones para sus contendientes. La tontería que perpetra Stephenie Meyer en su saga vampírica "Crepúsculo" no tiene nombre: Jake nunca es un candidato real porque nada podrá separar el amor (¿inexplicable?) que Bella y Edward sienten el uno por el otro. Tampoco cualquiera de los pretendientes que se crucen en la vida de Derek o Meredith en "Anatomía de Grey" tiene ninguna importancia. Tan solo la primera vez que entró un tercero en la partida, pensamos (por la novedad) que alguien podía separar a la parejita de oro. Ahora ya no y, cuando recurren a ello, no te lo tomas en serio (véase el final de la cuarta temporada para una mayor claridad expositiva ;p).


Si, por el contrario, el triángulo está bien llevado, su resolución podrá gustarnos o no ("Dawson Crece", "Felicity") y siempre habrá una parcela de público que no esté de acuerdo con la decisión. Sin embargo, si se ha argumentado correctamente y el final es coherente con la historia que se ha contado, poco más se le puede pedir a un triángulo estándar.


Si al autor le gusta el riesgo, puede optar por una de las dos salidas no convencionales: elegir el camino de en medio o quedarse con los dos pretendientes -opción elegida por Laura Gallego en sus "Memorias de Idhún"-. Son elecciones polémicas que requieren valor por el riesgo que implican ya que no suelen gustar al gran público.


Conclusión: contar lo que se quiere contar y no alargar la historia más de lo necesario improvisando con nuevos elementos.


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